Una michelada perfecta para la cruda. Receta x Licorería Limantour + Salsa Tabasco

Las ciudades no se construyen con casas y edificios. Se hacen con historias, vivencias y momentos muy precisos. Por ejemplo, la Ciudad de México no sería lo que hoy es si algún día faltara su gente. Sus personas. El pulso social que la hace sentir viva. Sí. Los espacios son clave para esto, pero no lo son todo. Es su fuerza dadora de experiencias lo que nos hace recurrir a ellos y exponenciar todo aquello que somos. Que nos ayuda a darle identidad a un barrio o a una colonia, y consolidarnos como sociedad. Que, al fin, es lo que aporta un rostro a las ciudades. Con todo y sus construcciones históricas, hay barrios en la CDMX que no tendrían espíritu sin las mentes y los corazones que les habitan.

La Ciudad de México justamente tiene su férrea personalidad, gracias a miles de microrrelatos que en ella ocurren a diario. Peculiares y muy característicos cada uno de ellos, variantes de código postal en código postal. Diversos y ricos a más no poder.

Por mencionar uno, el de «crudear» los fines de semana. No importa si es en sábado o domingo, la resaca en esta ciudad no es un malestar como cualquier otro o como se pudiese dar en alguna otra parte del planeta. Aquí esto es casi un ritual. Una suerte de penitencia gozosa que se alivia de diferente maneras, dependiendo del lugar en donde vivas o del lugar en donde amanezcas.

Hay de todo. Quienes «se la curan» con chilaquiles matutinos, con muchísima agua, con tacos y un litro salsa encima, bebiendo electrolitos, con una barbacoa, con un Alka-Seltzer… pero eso sí. Jamás con fruta picada, porque puede caer pesada.

Sin embargo, el remedio más común de todos es aquél que dicta cómo el mismo mal se puede atacar a sí mismo. Esto es: seguir bebiendo, ¡por supuesto!

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Hace un par de días fuimos nombrados “Best International High Volume Cocktail Bar” por @tales_of_the_cocktail. Este reconocimiento premia a los lugares que, de acuerdo a su capacidad, reciben un gran numero de comensales, y que, pese al volumen de clientes, ofrecen un menú de cocteles amplio y de gran calidad. Aunque la “nueva normalidad” nos impide poner en práctica este reconocimiento, estamos muy felices y orgullosos de haberlo recibido. Muchas gracias a todos los clientes que nos han visitado, a quienes nos siguen visitando, y también los que nos llevan a sus casas y eventos; sin ustedes este premio (en particular este), no sería posible. Todo el equipo del bar les agradece. Los esperamos todos los días en nuestras sucursales, Roma y Polanco, estamos de 1 pm a 11 pm, con bajo volumen de aforo, pero con un gran volumen de amor y agradecimiento. ¡Salud! The bar is open so is my heart. #tales #talesofthecocktail #spiritedawards #bar #cocktailbar #mexico

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Para ahondar en esta deliciosa creencia que los mexicanos nos hemos encargado de convertir en realidad y culto, me dirigí a Licorería Limantour. Un huequito de la colonia Roma en la Ciudad que guarda un universo entero a su interior. Justo, cuando hablamos de cómo en esta gran urbe se tejen narrativas extremadamente variopintas y muy interesantes, éste es uno de los sitios en los que pienso con predilección. Es entre sus muros donde toda la gente que conozco ha experimentado trocitos de mundo y contado numerosas anécdotas, un trago a la vez. Un punto en nuestra geografía donde, no importa a qué nos dediquemos o qué hagamos, siempre hallamos oportunidad de encuentro. Licorería Limantour es el catalizador, las personas a su interior quienes levantamos los contrafuertes de la ciudad y el significado de una avenida tan poderosa como Álvaro Obregón.

José Luis León, un tipazo que cuando no sonríe está viendo con minuciosa atención el trago que prepara, es el alma de la licorería. Uno de los mejores bartenders del mundo en una de las mejores barras del mundo, según la lista The World’s 50 Best Bars (y todos los fanáticos del lugar, obvio).

Le pregunto por su mejor elixir para revivir tras una noche intensa. Especialmente, por algo que levante cualquier tipo de cuerpo en decadencia, urgente de poder abrir los ojos sin dolor y tener algo fresco en su estómago sin morir en el intento. Pronto me prepara la receta y la comparte. Su nombre es Michelada TJ. Una verdadera pócima que lo tiene todo; ligereza, sabor, alivio y picor. Un detalle que viene cual regalo de una etiqueta increíble sobre el planeta, y que no necesariamente es de alcohol. Sino de la Salsa Tabasco. Un condimento que desde hace bastante tiempo se ha convertido en una obsesión para mí, después de conocer su historia (nada corta, en realidad) y todo lo que hace hoy.

Tabasco es una de esas marcas que mientras más pasan los años, más sorprendentes se vuelven, porque qué impacto que un producto sea tan longevo. Pero será en otra ocasión que les cuente cómo esta salsa nació en Louisiana, cómo hay un mexicano (OBVIAMENTE) en su historia y cuál es su proceso de elaboración, digno de compararse con el de un vino. Todo un viaje. Sin embargo, por hoy, sólo nos quedaremos con el siguiente dato: las gotas de Salsa Tabasco no pueden faltar en esta receta, pues contienen el sabor y la maceración de chile precisas para ponernos en pie otra vez.

Así, después de haber probado esta magia y conseguir que el cuerpo recobrara su total intención humana, no queda más que esparcir el secreto. Con la autorización de José Luis, por supuesto. Porque algo así sólo puede tener un propósito en la vida: compartirse. Justo como todo lo que pasa en nuestra gran Ciudad.

Michelada TJ

10 gramos de sal de gusano
Un cuarto de pieza de pepino cortado en cubitos
50 ml de jugo de tomate
15 ml de Mezcal San Cosme
15 ml de salsa mix (Tabasco con salsa inglesa y jugo Maggi)
50 ml de Clamato
25 ml de jugo de limón verde
1 pieza de cerveza lager de tu preferencia

Instrucciones

En un vaso frío, remoja el borde con jugo de limón y coloca sobre la sal de gusano para escarchar.

Agrega hielo y el resto de los ingredientes, a excepción de la cerveza.

Remueve hasta integrar y prueba.

Sirve la cerveza de manera delicada para cuidar su burbuja y la espumar.

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