Ron, coca, limón y hielos: el delicioso y sencillo arte de la Cuba Libre

A simple vista, parece que la cuba libre es lo más fácil del mundo. Sin embargo, lograr ese balance perfecto realmente se trata de un arte.

Por Carlos Humberto Mendoza / @manchate

Hoy hablar de hacerse una ‘cuba’ refiere al tío que pasó sus mejores momentos en los 80s. Ni hablemos de la marca de ron que trae un murciélago en la etiqueta. Si ese tío señala que lo consume entonces de manera instantánea lo transmuta en algo similar a un ‘godín’ que tiene un doble turno de velador y que tiene nulo cariño por su región hepática. Pero estos son nada más que prejuicios. Los invito a abrir su mente y su paladar.

La Cuba Libre es un trago resultado de una guerra, de la hispanoamericana de 1900. En ese momento llegaban los soldados estadounidenses con algunas cocas en sus bastimentos y de pronto se toparon con el delicioso ron cubano, limón y la magia sucedió. Al grito de “¡Viva Cuba Libre!” nació esta bebida que tanto gusta. Alguna vez en algún lugar, escuché que se trataba de un coctel que a la vez es un grito de guerra.

cuba libre
Foto: Getty Images.

Pero además de ser el resultado de una guerra se trata de un ejercicio de mercadotecnia. Bacardí y Compañía, orgullo que se comparte y Coca-Cola, la chispa de la vida, impulsaron en muchos momentos este famoso trago. Cabe señalar que entre mi memorabilia etílica tengo una de las auténticas jarras setenteras de Bacardí con las marcas para colocar el ron y el refresco. Del eslogan ‘Agarra la jarra’ llega hasta el día de hoy la referencia a cuando alguien se dejó a la deriva por los placeres etílicos.

¿Nunca has tomado una cuba? ¿No te gusta el ron? ¿No quieres parecer oficinista? ¿No quieres ser el pariente con problemas con la bebida? Dale una oportunidad. Por otro lado, hay una base militante de amantes del ron del murciélago y, sólo basta con revisar algunas cuentas ‘especializadas’ en redes sociales para descubrir un fanatismo sorprendente.

Pero ¿por qué es tan buena la Cuba libre? Es una pregunta que nunca me había hecho y me la hice cuando escribía estas líneas. Después de armar una lista adecuada de reproducción en Spotify y un par de tragos llegué a la conclusión de que se trata de una mezcla de dulzura, acidez, burbujas y sabores que funciona a muchos niveles.

Todos los elementos en el vaso son claves: ron, refresco, limón y hielos. Pero si no lleva limón se trata de un vil y vulgar ron con coca y no es una cuba. Los viejos meseros y cantineros refieren que una cuba se quema cuando esta lleva limón. Un octavo, un poco exprimido y dejado en el vaso, punto. El efecto del cítrico es aminorar la dulzura del refresco. Fundamental.

Antes de hablar de recetas debemos hablar del ron. La receta original es con Bacardí Carta Oro. Aunque la página oficial de Bacardí México refiere al ‘blanco’ (mejor conocido en los bajos mundos como Barchadón LeBlanc, el Bacardiós, el Bacachá o el ‘Bacalao sin espinas’) la historia de 1900 señala al Carta Oro como el ingrediente principal.

Debido a su filtrado con carbón y su almacenamiento en barricas de roble blanco tostado (léase este párrafo con voz de Saúl Lizaso, si entendiste la referencia necesitas un chequeo médico) este ron obtiene, al igual que el Jack Daniels Tennessee Whiskey, notas de vainilla, caramelo, almendra tostada, plátano y cítricos. ¿Ya ves que el Bacardí no es tan ‘meh’?

La receta original también señala que se trata de 50 ml de ron Carta Oro por 100 ml de refresco de cola más dos gajos de limón, no olvides el hielo, porque una cuba caliente es como besar a una pariente. Todo esto en un vaso alto.

Pero este trago tiene varias bajadas entre sus fieles. La quemadita que es con un poco más de limón; la campechana que es aquella que en la parte de refresco se mezclan en partes iguales Coca-Cola y agua mineral y la pintadita que es la que tiene un chorrito de agua mineral.

La receta para la cuba libre perfecta

¿Cuál es mi favorita? A primera intención, desde luego que la gratis. ¿Cuál es mi menos favorita? La que lleva un ron corriente de promoción en la tienda de conveniencia, la que no lleva hielo suficiente, pero sobre todo la que lleva Pepsi, ¡puaj!

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Foto: Getty Images.

Pero ya en serio, mi receta personalísima para campeones es la siguiente -se aclara la garganta, le da un trago a su cuba y se encomienda a San Facundo Bacardí, -dos puntos y aparte:

  1. Primero, la haremos en un vaso corto, con un hielo grande o un par de medianos.
  2. Segundo. la clave aquí es una parte de Bacardí Reserva 8, que se trata de un ron puertorriqueño, semidulce añejado por ocho años con notas de chabacano, pasas, jengibre, café y chocolate, y que producido en pequeños lotes tiene 40% de alcohol contra 37.5% del blanco. Otra prueba de que el Bacardí tiene su chiste.
  3. Tercero, dos partes de refresco de cola, en lo personal me gusta con Coca-Cola sin azúcar.
  4. Cuarto, debemos quemarla con un gajo de limón.
  5. Quinto, aquí viene el secreto personalísimo, tres gotas de amargo de angostura y ‘voila’.

Tenemos mi cuba perfecta, que degusto mientras escribo este texto.

Para el maridaje musical hablamos de un tema aún más personal, y aunque me gustaría referirlos a ‘Rum and Coca-Cola’ de The Andrews Sisters, de 1944, que se trata de un calipso muy ‘oldie’ y sabroso, gracias a mi cuño de 1978, les refiero a El Príncipe de la Canción, José Régulo Sosa y su ‘Amnesia’ con la frase “anduve por ahí de bar en bar” o su escena en la cinta ‘Perdónamelo todo’ en que le pide a un mesero, en horas matutinas, “una cuba bien grande con mucho hielo”, que tenía como finalidad curarle una resaca antes de que abrieran el bar del club en el que estaba ensayando.

Lo único que me queda es decirles que les de una oportunidad a este trago que es perfecto y todo lo que les puedan decir de él y del ron son meros prejuicios.

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